[ Locus Brasilis ]

Locus Brasilis

Por Eliana Machado

UNA CIUDAD Y UN MONUMENTO

Breves palabras sobre la poesía de Eliana Machado

 

¿Qué ciudad podrá guardar

                                    Para siempre

                                    A los amantes fugaces

                                    Deshaciéndose en la atmosfera?

                                    ¿Cuál de ellas nos erigirá

                                    Un monumento?

 

Son los versos finales de Locus Brasilis de Eliana Machado y el comienzo del hallazgo de una poeta que ha comenzado a abrir un nuevo registro dentro de la reciente poesía latinoamericana, y digo latinoamericana expresamente, en el sentido más inclusivo del término, porque estos poemas nos vienen a demostrar una vez más que la poesía no reconoce otras lenguas, escenarios y fronteras que aquellas que les dicta el alcance de su aliento. Lo que leemos aquí son territorios que no siguen las pautas de ninguna cartografía, de ningún mapa que no sea aquellos que registran los infinitos relieves, matices, tramas, de lo que persistimos en llamar las emociones humanas. Entendemos así que estos poemas fueron concebidos y escritos íntegramente en castellano –y no en portugués o francés, idiomas en los que también escribe Eliana Machado– porque una lengua,  más incluso que un modo de expresarse, es una manera de sentir, una particular afectividad, y que la poesía es precisamente el lugar en el cual la afectividad de una lengua se manifiesta en toda su amplitud, en su cuidado por cada detalle del mundo, en su desmesura, en su compasión, en su erotismo. Lo primero que sorprende y luego maravilla de esta poesía es la manera en que instala un idioma y un lugar, su locus, en el corazón de otro idioma y de otro lugar. Entendemos entonces que Brasil, ese inmenso país con el que confinan nuestros pequeños países, es un hecho íntimo, es algo que le pertenece al corazón más hondo de nuestra propia lengua.

Locus Brasilis muestra así los trazados de un país a la vez imaginario y real y que no es otro que la nación también imaginaria y real donde reconocemos los rostros plurales de nuestros afectos, terrores y deseos. Dividido en tres partes: Locus Solus, Locus Terribilis y Locus Eroticus, con once poemas en cada una de ellas, Eliana Machado traza una rigurosa simetría que en el mismo momento en que evoca la estructura de la Commedia dantesca la transforma. Su inferno, el Locus Terribilis no está en el comienzo del libro sino en el centro, constituyéndose en el nudo de una ecuación que tiene por una parte, en Locus Solus, la descripción de una naturaleza donde la selva, el agua, las lianas, la tortuga, el curare, van cediendo su lugar a un espacio humano cargado de presagios funestos y, por otra, en Locus Eroticus, la celebración en la cual todo lo descrito se funde con todo en una celebración que es a la vez cósmica e íntima, orgásmica y simultáneamente atravesada de cotidianeidad, sagrada y al mismo tiempo plena de humor, donde la naturaleza se ha transformado en deseo y el deseo en cuerpos que se funden, que se miran, que juegan. Locus Brasilis se cierra con un poema, un poema de amor, que se cuenta entre los más notables que nos puede mostrar la poesía de hoy. Como podemos leer en los versos citados al comienzo, el poema se pregunta por la ciudad que pueda guardar para siempre a los amantes fugaces, cuál de ellas –dice– les erigirá un monumento. Recordamos entonces de golpe que la muerte es un hecho inminente y que una de las condiciones más trágicas y conmovedoras de la existencia es que todos no podemos sino ser amantes fugaces. Pero Eliana Machado al preguntárselo nos ha dado una respuesta: estos poemas son esa ciudad y ese monumento.

 

Raúl Zurita

Santiago, mayo de 2011

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